Historiador Rodrigo Mayorga y nueva constitución: “el proceso descansa en las manos de nuestros parlamentarios”

Historiador Rodrigo Mayorga y nueva constitución: “el proceso descansa en las manos de nuestros parlamentarios”

Terminados los plazos establecidos por el acuerdo del 15 de noviembre de 2019, el proceso para dar una nueva Constitución a Chile quedó en manos del Congreso. Analizamos los resultados del último plebiscito junto al historiador, Rodrigo Mayorga, quien asegura que es temprano aún para sacar cuentas sobre la victoria de la opción Rechazo. / Por Agustín Alvarado

El pasado 4 de septiembre la sociedad chilena, en la práctica, dio término al proceso constituyente en el plebiscito de salida. Con un contundente 62 por ciento de las preferencias, en una elección con voto obligatorio, la ciudadanía decidió rechazar la propuesta de nueva constitución diseñada por la Convención Constituyente.

Entre las diversas voces que siguieron dicho proceso desde el día uno, el historiador, académico, columnista en medios de comunicación y escritor, Rodrigo Mayorga, ha destacado por su rol opinante y educativo.

Su vocación docente lo impulsó a crear en 2020 la Fundación Momento Constituyente, destinada a educar e informar a la ciudadanía sobre las implicancias de iniciar la creación de una nueva constitución, con un enfoque ciudadano y no partidista.

A partir de ese momento, y gracias a su activa opinión en medios y redes sociales, su voz se expandió de manera notable, lo que posicionó al historiador como uno de los defensores e influencers del proceso constituyente, sobre el que incluso publicó un libro en junio, llamado «Plebiscito de Salida».

En este contexto, concluido el proceso que inició el 15 de noviembre de 2019, y a la espera de ver qué ocurrirá ahora con la ansiada nueva Constitución chilena, el escritor conversó con Radio JGM sobre los balances del fenómeno y sus expectativas para lo que viene.

La deuda con la educación cívica

Es un día tranquilo en la calle Hernán Cortés, comuna de Ñuñoa, una de las 8 comunas de Chile donde triunfó la opción Apruebo el 4 de septiembre de 2022. En el patio de su casa, Rodrigo Mayorga, educador de vocación, se acomoda y con calma responde.

¿Qué balance harías de la sociedad chilena a nivel político terminado este proceso constituyente?

El proceso que terminó el 4 de septiembre fue una gran escuela cívica y ciudadana.

Hay que estar orgullosos de lo que fue una respuesta democrática a un momento de crisis política. Esa respuesta pudo darse de muchas otras formas, probablemente ninguna muy feliz. Pero se optó por la democracia, se diseñó un proceso institucional democrático, y eso se continuó, pese a los factores que pudieron jugar en contra. Aun así, las partes mantuvieron un comportamiento democrático. Algunas se quisieron saltar las reglas, no pudieron. Hubo zonas grises con la desinformación, pero en términos generales el proceso se desarrolló y terminó democráticamente.

También se dio un proceso de participación como no habíamos visto en ningún otro proceso político de este tipo. En ese sentido, el balance es positivo. Pero, no habíamos dimensionado la profundidad de la deuda que tenemos con la educación cívica y ciudadana.

¿A qué te refieres con esa deuda?

A que Chile tiene una deuda enorme con la educación cívica, ciudadana, democrática. No conocemos cómo funciona nuestro sistema político, no sabíamos cómo funcionaba la constitución. Hemos aprendido mucho los últimos tres años, pero todavía queda mucho.

No tenemos claro cuáles son los espacios de participación incidente reales que existen, más allá de los que crea la ciudadanía a la fuerza. Tampoco tenemos claro cómo ocuparlos, ni cómo ser efectivos con ellos.

No sabemos dialogar de estos temas, ni estamos acostumbrados. Entonces, cuando la política nos pega y nos llega, y hay que intentar hablar de ella, pasan situaciones tan tristes como las discusiones que se dan en la TV, que en el fondo son debates que no son debates, sino peleas hechas para el morbo. Súmale a eso las declaraciones, frente al resultado del plebiscito, acusando de ignorancia, con un carácter de frentón clasista y racista.

Todo eso es un reflejo de un país que dejó de hablar de política en 1973, uno de los legados más fuertes de la dictadura. Esa lógica de tabú recién comenzó a romperse en la década de los 2000-2010 con los estudiantes. Aun cuando esos jóvenes tampoco habíamos aprendido, en los 90′ o 2000, porque nadie nos enseñó. Todo ha sido un aprendizaje que venimos, recién ahora, a comprender.

Con el resultado del 4 de septiembre, ¿Dónde debemos poner el foco de análisis, en el 38 por ciento del apruebo o el 68 por ciento del rechazo?

Hay que ponerlo en los 5 millones de votantes nuevos, más que en otra parte. No tenemos cómo leer las razones detrás de esos resultados aún, y eso ha generado que hayamos visto fundamentalmente actores que se atribuyen el triunfo.

Cada quien lee a su manera ese resultado, desde los que dicen que toda la gente leyó y no se conectó con el texto; hasta los que dicen que es un voto castigo a Boric y que, por eso mismo, casi que debería renunciar; los que dicen que esto fue pura desinformación y que ese 62 por ciento no leyó, le mintieron. Nadie puede saberlo en este momento, porque no hay datos suficientes para decir ‘esta es la razón’.

Ahora, lo que nos perdemos de preguntarnos tiene que ver con este porcentaje nuevo de votantes, que era la gran interrogante de este plebiscito y que podía volver cualquier resultado posible. Teníamos una cantidad de votantes que probablemente iban a ir a las urnas, cuyo comportamiento electoral no conocíamos, porque no habían ido nunca a votar.

Ahí existe un signo de interrogación gigante, que le entregó el triunfo al rechazo, y no sabemos por qué. No sabemos si es un votante de derecha, si es de centro izquierda, si es apolítico o si vota solamente para castigar a quien está en el poder, si leyó o no leyó. Eso diría que es lo más relevante y riesgoso para el desarrollo del proceso, porque lo más probable es que el voto obligatorio haya llegado para quedarse.

¿Se debe mantener?

Creo que hay buenas razones para ver esa discusión. Hay dos posturas válidas, pero más allá de eso se va a mantener, porque es muy difícil hoy sustentar la legitimidad de cualquier decisión, cuando tienes una decisión que se tomó con este nivel de contundencia.

O sea, votó más gente por el rechazo, que la gente que votó en el plebiscito de entrada completo.

Las cartas de la negociación

Si bien la mayoría de los partidos políticos han mostrado su disposición a continuar el proceso constituyente, varios han sido los problemas para concretar un acuerdo definitivo.

Entre los desencuentros, destaca la postura liderada por los presidentes de los partidos de oposición la semana anterior a las fiestas patrias, cuando desmintieron un anuncio realizado por los presidentes del Senado y la Cámara para un nuevo proceso, acusando apuro por parte del oficialismo.

A su vez, se negaron a participar de una reunión agendada para el 15 de septiembre, en medio de pedidos al Gobierno para que no participe de estos encuentros (puedes seguir el proceso aquí).

¿Qué te parece la postura que toma Chile Vamos con el resultado? ¿Ves alguna cercanía con los grupos más criticados de la Convención Constitucional?

Varios lo dijimos previo al plebiscito. Terminada esta votación la ‘pelota’ vuelve al Congreso y vuelve más bien a la derecha. Un Chile Vamos que, además, estuvo ausente durante los últimos meses como estrategia electoral, ya que su presencia perjudicaba la opción del rechazo. Entonces no hay otra forma de tratarlo que como una patudez.

Ahora que ganaron salen a capitalizar un resultado, cuando en realidad nadie puede capitalizar este triunfo. Entonces, hay un aprovechamiento y, nuevamente, se cae en los errores que cometió cierta parte de la izquierda en la Convención, que consistían en decir ‘ahora que tengo el sartén por el mango, lo mantengo y no dejo que nadie más lo toque’.

Además hay cálculo político. Porque, por otro lado, este poder de Chile Vamos va a durar lo que se demore en salir el acuerdo definitivo. Al momento que se firme el acuerdo y se impulse una reforma para un nuevo proceso constituyente, si es que eso llegase a pasar, ellos pierden una carta de negociación, y eso los está llevando a retrasar todo lo posible esta conversación, porque les entrega una jugada muy buena en contra del Gobierno.

Considerando eso, me parece triste. Porque, en el fondo, se está jugando con algo que va mucho más allá de los intereses partidistas particulares, la construcción de un pacto social.

¿Parece válido que busquen excluir al Gobierno de reuniones por el nuevo proceso?

Diría que es una tontera, es innecesario, pero finalmente es parte de este juego oposición-oficialismo. O sea, tuvimos un plebiscito en el que el Gobierno efectivamente, más allá de las discusiones de si hubo intervencionismo o no, se jugó por una opción y perdió. Por lo tanto, quedó en una situación de particular debilidad. Además, está en una coalición, como el Frente Amplio, que no es madura todavía. Lo hemos visto en las peleas que ha tenido el PC con RD estos días. Es un muy mal momento para el Gobierno.

Frente a eso, creo que ha hecho una serie de jugadas que le permita encajar el golpe, pero no mostrando una debilidad absoluta. Por ejemplo, en el cambio de gabinete ya el hecho de que sacara a Siches y a Jackson, dos de los tres miembros, del denominado «círculo de hierro» del presidente, es asumir una derrota. Y en eso está la búsqueda del Gobierno de afirmarse en su posición, entendiendo que está en una de debilidad.

Lo que vemos en esta etapa del proceso constituyente es un Gobierno que busca mantenerse en la discusión, para no quedar totalmente offside, y una oposición que aprovecha su carta de negociación para incidir no solo ahí, sino que en temas como reforma tributaria, reforma de salud, etc. Una oposición, además, que venía de una serie de resultados negativos.

¿Qué te agrada de las propuestas que se han hecho para la nueva etapa/proceso? ¿Te parece bien que personajes como los ex presidentes Lagos y Piñera se ofrezcan como expertos para formar parte de él?

Uf, Piñera no. Fue el único ex presidente de Chile que ni siquiera declaró por qué iba a votar. Ricardo Lagos tampoco lo hizo directamente, pero tuvo una intervención mucho más clara.

¿Piensas que esperaban este momento para ofrecerse?

«Lagos, al menos, estuvo presente. Todo su discurso respecto a que el proceso no se acababa el 4 de septiembre fue su forma de posicionarse frente a cualquier escenario. O sea, hubiera aparecido igual si ganaba el apruebo y se habría ofrecido para lo que venía también. Su postura fue muy propia de su personaje.

En cambio, Sebastián Piñera estuvo escondido y fue parte de la estrategia electoral de la derecha. Y aparece ahora porque, insisto, el 62 por ciento es un número tan grande, que permite espacio a todo el mundo. También es parte de su personaje, uno con un tipo de narcisismo distinto. Los líderes políticos suelen caer un poco en eso, pero en el caso de Piñera, creo que es algo que lleva al extremo.

¿Y las propuestas que te agradan?

Un modelo que me gusta es el que se hizo para el acuerdo del 15 de noviembre, donde hubo un acuerdo en que representantes políticos definieron todos los puntos relevantes, y después los expertos y técnicos hicieran la bajada en la redacción. Es decir, hacer que lo que se plantea se lleve a la práctica en un texto que no tenga errores, cabos sueltos y no tengamos que arreglar después. Eso podría ser muy útil y de usarse antes nos habría evitado un montón de problemas en el proceso recién pasado.

Pero las decisiones las debe tomar un órgano electo, ciudadano, paritario, con escaños reservados, los que se podrían corregir, en términos del sistema de elección.

En lo que dudaría es en las listas de independientes. Un tema relevante, porque hubo una mala lectura, que llevó a estas lógicas soberbias de que la convención la había ganado la izquierda, cuando en realidad ganaron los independientes, ya que fue un voto en contra de los políticos de siempre. Pero se dio, por temas estratégicos, que todos los independientes eran de izquierda. La derecha no llevó independientes, porque tenían la estrategia de unificar para ser más competitivos, lo lógico en un sistema como el proporcional.

Cuál es el problema con las listas de independientes. A mi parecer son dos: uno es que los votos independientes están sobre la ola de la desconfianza en la política, con una suerte de noción de que el independiente es distinto. Pero hemos visto que no tiene por qué ser así.

Lo segundo es que los independientes no tienen la gracia de los partidos, que por más deslegitimados que estén, tienen contabilidad, fiscalización y una cierta claridad -a pesar de que se ha ido perdiendo- de las ideas que defienden, tienen disciplina interna. Pero con las listas de independientes, al final estoy votando por la persona, porque la lista puede tener principios, pero generales y en el vaivén de la discusión todo eso puede cambiar rápidamente. Hay que fomentar la presencia de independientes en listas de partidos.

Mensajes del ciudadano Mayorga

Una vez publicados los resultados del plebiscito de salida, Rodrigo Mayorga se conectó a su Instagram para comentar el resultado con su comunidad de seguidores, quienes en masa han llegado a sus redes en los últimos dos años, sobre todo para informarse y conocer sobre el proceso constituyente desde su particular mirada.

Con expresión más bien parca, afirmó que el escenario se tornaba ideal para los partidos de derecha, y aseguró sentirse pesimista. «La pelota quedó lejos de la ciudadanía», aseguraba en su estilo.

¿Qué le dirías a la sociedad civil de cara al proceso que viene? ¿Qué podemos hacer como ciudadanos?

Lo primero es reconocer que ‘la pelota’ quedó fuera del alcance ciudadano por un rato. Hoy el proceso descansa en las manos de nuestros parlamentarios y, más terriblemente, en los de la derecha. Chile Vamos tiene 22 votos en el Senado y con ellos pueden bloquear cualquier reforma que no les guste. En ese sentido, es interesante notar que ha quedado un poder en los electores de la derecha.

Hoy los mecanismos más tradicionales de presión a los representantes políticos son dos: uno son los votos, y hoy estamos a tres años de la próxima elección; y, por otro lado, está la presión que -podríamos decir- es de la calle y que tiene dos problemas.

Uno es que no sabemos contra quién protestar en este escenario. En 2019 se protestaba contra un Gobierno que defendía un modelo cuestionado. Pero hoy salimos de una decisión ciudadana con un 62 por ciento -que no sabemos leer todavía-, que se manifestó contra un texto que llevaba en si gran parte de las demandas de estos movimientos sociales. Entonces, se podría cuestionar la legitimidad de una protesta que va contra eso.

Por otro lado, tenemos un Gobierno de diferente signo, que se la jugó y posicionó frente a este texto, que perdió y está debilitado. Aún sigue siendo el responsable frente a los problemas de orden público. Entonces uno podría argumentar, estratégicamente hablando, que las protestas, más que presionar por lograr un acuerdo, terminan por dejar al oficialismo en una posición aun peor en la negociación, porque necesitan dar respuesta para poner fin al problema. Entonces, el escenario es negativo en ese sentido, siendo sincero.

Hay que mirar el proceso a mediano plazo. Una parte nuestra va a requerir paciencia, porque es lo que el país ha decidido, queriéndolo o no, llevando todo esto de vuelta al Congreso, que también es un órgano electo democráticamente.

Ahora, en el intertanto de la espera, hay una necesidad importante de empezar a sentar bases. Parte del resultado en su conjunto, más allá del triunfo del rechazo, habla de cosas como la falta de participación, la falta de educación ciudadana, no en el sentido de no saber, sino en el no aprender a comunicarnos de manera fructífera. Eso requiere tiempo.

Hay un concepto que has tratado en tus columnas: la fragmentación político/social del país ¿Cómo se hace política en un país así?

Un proceso de fragmentación tiene que ver con distintas lógicas, con las formas también en que las sociedades modernas se configuran con el rol de su identidad.

Súmale a esto un país que explotó. Un lugar en el que, frente al neoliberalismo se alzaron movimientos anti neoliberales, cada uno sectorial: educación, salud, etc., pero que no lograron converger en un gran movimiento contra el neoliberalismo, sino que más bien se tradujo en una explosión, como fue el estallido social, y después de una explosión te quedan pedazos en distintos lados, confusión, mucha niebla de no saber hacia dónde ir.

En ese contexto democrático, donde además no aparece nadie que se imponga por la fuerza, surge la fragmentación. Lo que quedó demostrado en la última primaria presidencial. Habían cinco opciones competitivas, y dos candidatos con menos del 30 por ciento que pasaron a segunda vuelta. Es decir, menos un tercio del país estaba detrás de cada uno.

Cómo se hace política en ese contexto: se deben ofrecer caminos, relatos, proyectos colectivos. Pero hay que cuidarse mucho del tipo de proyectos que se ofrezcan. Ya que este mismo proceso de política identitaria ha llevado a la reacción de otra política, que es la homogénea, blanca, neutra, que nunca es neutra. Eso llevó, en lugares como Estados Unidos o Brasil, a la presidencia a personajes como Trump o Bolsonaro.

Son tiempos complejos y, por lo mismo, se debe hacer política a dos manos. Por un lado, buscando una propuesta política que convoque lo más posible. Por otro, teniendo mucho cuidado con los anti demócratas que cualquier sector, los radicales que ponen en entredicho la democracia. A ellos se les pone un cerco y se les mantiene lo más lejos posible, porque son los que entran en el juego de la democracia para romperlo desde adentro.

En el libro «Plebiscito de Salida» está la carta abierta al Presidente de la República, Gabriel Boric. Tras 6 meses de Gobierno ¿Qué le dirías ahora?

Dentro de todo, creo que el Gobierno ha tomado los pasos adecuados. Han tenido una lógica de priorizar y tomar decisiones estratégicas. La política es mucho de estrategia, y creo que muchos de los primeros errores de este Gobierno fueron producto de cierta inocencia. La visita a Temocuicui, por ejemplo, fue el retrato perfecto de ello.

Debe leer el momento y entender que hay que priorizar y tomar ciertas decisiones prácticas. El proyecto que podrían haber visualizado en el mejor de los escenarios ya no es posible, porque no existe tal escenario. Pero no significa que se hayan acabado las posibilidades.

Es un Gobierno, además, que debe empezar a levantar un relato, ya que ha faltado. Instalar ese relato tiene que ir incluso contra la fragmentación interna que su sector posee. Llega el momento de tomar decisiones que pueden ser más duras, menos entendidas.

Si tuviera que decirle algo directamente, le diría que vuelva siempre a la noche del 15 de noviembre. Si algo valoro en Gabriel Boric, y que fue el momento en que se ganó mi respeto como político, fue ese día, cuando antepuso su rol como parlamentario de la República por sobre su rol de líder de un partido; los intereses del conjunto, por sobre los intereses de otro colectivo específico del que formaba parte, de una comunidad política.

Eso, que en la práctica se mostró necesario, es lo que tiene que hacer un Gobierno. Y ese es el tipo de decisiones que necesitamos en este momento. Realismo sin renuncia, como decían por ahí. Realismo y estrategia son dos cosas que en política no pueden faltar.

Fuente: Radio JGM

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